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McDonald: Enmascarar niños es abuso infantil

Jan 27, 2022

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00:08 AM

Cuando los padres permiten que sus propios miedos y ansiedades se transfieran a sus hijos, abdican de su papel parental más básico.

McDonald: Enmascarar niños es abuso infantil

por Mark McDonald, M.D.

A fines de diciembre, el gobernador de California, Gavin Newsom, anunció la reinstauración del mandato de uso de mascarillas en espacios cerrados en todo el estado. Al hacerlo, no solo recuperó una política fallida que no ha hecho nada para proteger la salud de los residentes de California. También extendió una práctica cruel de abuso infantil patrocinado por el estado que ha dañado a los más vulnerables: nuestros niños.

Las mascarillas no brindan una protección significativa contra las enfermedades respiratorias virales. Es por eso que nunca - hasta marzo de 2020 – se le ha recomendado al público su uso. En todos los extensos y bien diseñados estudios sobre el uso de mascarillas in vivo, los resultados no han mostrado ningún beneficio en el mejor de los casos. En muchos casos, el uso de mascarillas ha sido responsable por el aumento de la enfermedad. El único estudio citado por los CDC para respaldar los mandatos de mascarillas en niños fue criticado recientemente como "profundamente engañoso" y lleno de "fallas significativas". Ninguna persona honesta y racional ha defendido con éxito el uso de mascarillas como médicamente útil, y mucho menos necesario.

Si las mascarillas fueran simplemente talismanes ineficaces, como los describió el New England Journal of Medicine en mayo de 2020, podríamos descartarlas como excentricidades ornamentales, como un llavero de pata de conejo. No lo son. Son deshumanizantes y peligrosas. Al igual que el velo musulmán, destinado a borrar la presencia femenina de una mujer desterrando su rostro de la vista del público, las mascarillas deshumanizan a las personas al impedir tanto la expresión facial como el reconocimiento facial. Además, las mascarillas se han asociado durante mucho tiempo con la vergüenza. Hay una razón por la que decimos: “Ya no puede mostrar su rostro en público”. Sin embargo, su peligro radica principalmente en el daño psicológico que causan. Ese daño recae de manera desproporcionada sobre los niños.

“Solo es una mascarilla”. Escuché ese comentario lanzado con ligereza por los padres de pacientes jóvenes en mi práctica médica. Estos adultos no ven el tremendo daño que las mascarillas causan en el desarrollo de sus hijos. Desde que los niños comenzaron a usar mascarillas en la escuela, en el campo deportivo, en los aviones, esencialmente en todas partes fuera del hogar, he visto una disminución significativa en su capacidad para hacer contacto visual, hablar con claridad e iniciar una comunicación cara a cara con otros seres humanos. El equilibrio emocional ha disminuido drásticamente. Los niños se han vuelto torpes y lentos en su pensamiento. Veo esto con todos los niños, pero es especialmente pronunciado en aquellos con autismo. La mayoría de mis pacientes autistas que anteriormente estaban emocionalmente estables han comenzado nuevamente a tener rabietas, y algunos han vuelto a tener conductas de autolesión. Uno fue hospitalizado por primera vez en una unidad de hospitalización psiquiátrica.

Mis observaciones se confirmaron en noviembre, cuando el Departamento de Pediatría de la Universidad de Brown publicó un estudio de seguimiento de un informe previo sobre la pérdida de puntos en el IQ de los bebés. Los bebés nacidos después de enero de 2020 mostraron una caída de 20 puntos en comparación con los nacidos solo un año antes. Esta disminución no se atribuyó al uso de mascarillas infantiles, sino al aislamiento sensorial por parte de los adultos que forzosamente limitaron la exposición natural y saludable de los recién nacidos al medio ambiente. Muchos de estos bebés nunca habían visto un rostro humano que no perteneciera a sus padres. El estudio de seguimiento resultó ser aún más alarmante. En un grupo de más de 1000 niños de cero a cinco años, los investigadores encontraron un deterioro cognitivo general del 24 % en el año 2020, en comparación con cada uno de los cinco años anteriores. Lo que esto revela es que los mandatos gubernamentales, como el cierre de escuelas y el uso de mascarillas, están causando daño cerebral en los niños pequeños. ¿Es esto permanente? No tenemos forma de saberlo. Sin embargo, ciertamente se volverá permanente si los mandatos (cierre de escuelas, distanciamiento antisocial y uso de mascarillas) no son abolidos.

Desafortunadamente, me temo que incluso si los mandatos terminan, los niños no pueden renunciar voluntariamente a usar mascarillas. Recientemente, una madre y su hijo de ocho años visitaron mi oficina. La madre no llevaba mascarilla, pero el niño (mi paciente) sí. Le recordé al niño que no necesita usar mascarilla en mi oficina. “Puedes quitártela, es mejor que respires libremente. Y quiero ver tu cara. Él dijo: “Me siento más cómodo con esto puesto”. Lo mantuvo durante toda la visita. Me di cuenta de que hacía poco contacto visual, decía muy poco y pasaba la mayor parte del tiempo mirando su regazo, donde sostenía el teléfono de su madre “para mantenerlo entretenido”. Este paciente, como muchos que veo ahora, han perdido todo interés en salir de su casa, jugar con amigos o ir a pijamadas. Ya no sienten curiosidad por la vida ni por otras personas. Se esconden detrás de una mascarilla y miran fijamente una pantalla, con la aprobación pasiva de su madre. El condicionamiento conductual puede ser bastante poderoso. Lamentablemente, hemos condicionado a nuestros niños a sentirse cómodos usando un pañal en la cara.

El gobierno no cría a nuestros hijos. Los padres lo hacen. Es responsabilidad de los padres, no del gobierno, mantener seguro a un niño. Cuando los padres permiten que sus propios miedos y ansiedades se transfieran a sus hijos, abdican de su papel parental más básico, que es mantener a sus hijos protegidos contra cualquier daño. Este error de juicio no puede atribuirse a políticos y burócratas. El cuarto paso en el programa de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos es “admitir ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestros errores”. Está mal enmascarar a un niño. Es perjudicial Es abuso infantil. Y ya es hora de que los padres reconozcan que, al ponerle mascarillas a sus hijos, han sido cómplices del abuso. En algún momento, los niños comenzarán a preguntar a sus padres: "¿Por qué accediste a lastimarme obligándome a usar mascarilla?" Los padres deben comenzar a pensar en una respuesta a esa pregunta, ahora.

 

 Mark McDonald, M.D. Psiquiatra y autor de United States of Fear: How America Fell Victim to a Mass Delusional Psychosis.

 

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